Un lugar, Triana

Desarmando tópicos

Por Carmen María Jiménez Domínguez

Los pueblos siempre han estado definidos por tópicos. Más o menos profundos. Pero a cada clan, relacionado con un trozo de tierra en este planeta, se le asocia con un estilo. Cómo ver, sentir, ejecutar y entender la vida. Cada poblamiento destaca por un motivo. Eso sí. Hay lugares que destacan más que otros. Existen civilizaciones en nuestra Tierra que por su origen, por el lugar en el que se asientan, por sus propios ciudadanos o por la importancia que la historia ha decidido darles, tienen por sí mismos un halo especial, una leyenda única y miles de singulares mitos que los tipifican. Uno de esos pueblos llenos de tópicos es Triana. Hasta se podría decir que este barrio sevillano, que para muchos es más que un barrio, está compuesto en su totalidad de manidas percepciones que lo caracterizan y lo hacen famoso en el mundo entero. Me atrevo a asegurar que Triana es el lugar del mundo con más tópicos. La esencia está en descubrir si estas ideas tan arraigadas al nombre de Triana son realmente fundadas o, por el contrario, creadas por el imaginario popular.

De cualquier manera, el prototipo que dibujamos en nuestra mente cada vez que pensamos en Triana no se puede diluir fácilmente. Sí, es cierto que cada tópico tiene un origen tangible y real que más tarde es tergiversado y distorsionado. Uno de mis fines con este reportaje es mostrar el origen, sustancia, desarrollo y verdad de esos tópicos que Triana tiene inscritos en su entidad.

El principio preferible para desentrañar los secretos de Triana está en los orígenes de su fundación. Son muchos los intelectuales que se han pronunciado sobre el germen primero de lo que hoy conocemos como Triana pero existen discrepancias. Su ubicación frente al río Guadalquivir convierte a ese lugar en ideal para que, hace unos nueve siglos, los fenicios allí se asentaran. Ya en época de Híspalis durante el mayor esplendor romano y hacia el siglo I con la estancia musulmana en Al-Ándalus se tiene constancia de asentamientos y vida continuada al otro lado del Río. Este primitivo arrabal desordenado en su planteamiento urbanístico, debido a su improvisada construcción, acogía a las clases trabajadoras y menos pudientes de la creciente ciudad. Y aunque existen evidencias de que este asentamiento a extramuros tuvo consideración de pueblo autóctono, la historia de Triana está sujeta y unida sólidamente a la de Sevilla.

La alegre 

Es singular Triana por su alegría, entusiasmo, algazara y gozo. Esto se lo debe a las gentes que poblaron esta barriada y que dejaron para trianeros y foráneos perenne esta representación festiva. Deambulando por sus calles se trasmite un “algo” misterioso, extraño y peculiar, no sabría bien cómo expresarlo, que te avisa de que estás en Triana. Intentando descifrar de dónde proviene esa alegría trianera descubro que antes Triana estaba dividida en dos cavas: la cava de los gitanos y la cava de los civiles. En la primera de ellas, como su propio nombre indica, residían en su mayoría personas de etnia gitana entre lo que hoy conocemos como Pagés del Corro y Calle Betis; en la segunda, estaría el cuartel de la Guardia Civil, de ahí su denominación. Adentrándonos más en la cava de los gitanos conocemos cómo este pueblo trashumante habitó en Triana desde muy antiguo, sin situar exactamente en el tiempo su llegada.

Está fielmente ligada la cronología gitana con este barrio. Muchos son los corrales de vecinos que ocupaban en Triana. Primordialmente en la parte sur de ésta consta que hacia 1783 residía allí la mitad de población gitana de Sevilla. Era un punto clave en Andalucía para este pueblo. El talante gitano ha quedado fundido en la personalidad trianera tal como los herreros gitanos que se ganaban la vida allá por el siglo XVIII forjaban los metales, siendo mayoría en este oficio. Su idiosincrasia alegre y jovial, sus fiestas llenas de cante y baile, y su carácter cañí ha calado en Triana definitivamente.

El viajero y biblista inglés George Borrow, en la primera mitad del siglo XIX, en su libro Los Zincali, afirmaba «desde tiempo inmemorial el barrio de Triana, en Sevilla, lleva fama de ser morada predilecta de los gitanos, y en nuestros días abundan allí más que en ninguna otra ciudad de España…». Finalmente, la Cava gitana fue expulsada por presiones inmobiliarias en la década de 1970.

Hoy en día, los cantes y bailes que se daban en esos corrales de vecinos se siguen sucediendo en Triana, eso sí, con un fin más turístico y concertado que desenvuelto y espontáneo como se daban antaño. Los atributos inmutables son los de color moreno, ojos negros, almendrados y rasgados, labios gruesos, pelo recio y oscuro y mirada profunda. Prototipo de moza gitana durante la época romántica. Este molde, encarnado en la leyenda de Carmen la Cigarrera, se ha extendido a la mujer trianera y sevillana, y por extensión a la fémina andaluza.

La flamenca  

Dijo Antonio Gala «Por lo que el flamenco nos estremece a quienes nos estremece es precisamente por lo que no acabamos de entender». Y puede que tenga razón. El flamenco es como una fuente de vida a la que debes acercarte y empaparte; y que cada uno saque sus propios sentimientos de lo vivido. Si analizamos y aceptamos la historia del flamenco, nos vamos a encontrar de lleno con Triana como protagonista desde el inicio con dos «palos» básicos como son la Toná y la Seguiriya. También aportó al respecto el escritor Fernando Quiñones «En cuanto a la antigüedad de los cantes, la primera de las ciudades sería Sevilla, y más concretamente, su barrio de Triana, de donde provienen los primeros estilos plenamente flamencos que se tengan conocimiento». Haciendo una correlación con el mundo islámico, Triana es la Meca del flamenco. Un centro neurálgico para este arte gitano y andaluz.

El cante tuvo que irse gestando en el seno de las casas comunales, en los hacinados corrales y círculos intimistas de aquellos habitantes que poblaban el arrabal. De Triana surgen nombre básicos para el Flamenco como El Platea o Francisco Ortega «El Fillo». El primero posiblemente gaditano pero desarrollando su obra en el barrio trianero y el segundo puede considerarse como el cantaor de más importancia de la historia por el legado que transmitió y que ha servido para ir formando a lo largo de distintas centurias, el gran árbol del Flamenco.

Vemos cómo hasta para dar su Arte, sin nada a cambio, ha sido Triana generosa tal como refirió Camilo José Cela en su visita por el barrio, al referir que «Allí hacen la caridad del cante a quien sabían que no había de pagarles porque no podía, contentándose solamente con la fe de ser escuchados». Se pone de manifiesto con estas palabras que los cantaores trianeros, en su gran mayoría esos gitanos fragüeros mencionados, sólo cantaban para propio deleite. De ahí que pocos se hicieran profesionales a lo largo de la historia. Gracias a aquel génesis que nadie puede descifrar, a aquellos sones que brotaron, el cante se ha podido situar globalmente siendo Triana su eje principal. La riqueza de este pueblo que, sin pretenderlo, estaba destinado a ser la cuna del cante grande.

La conciencia no me permite hablar de música y no referir otras realidades que si bien más actuales también han marcado y forman parte de la particularidad de Triana que hoy el visitante se encontrará. Hablar de Triana es hablar de rock andaluz, aunque parezca mentira esta muda de tercio tras relatar tanto sobre el flamenco. Triana fue un grupo de la década de los 70 que cambió la forma de entender el rock en Andalucía. Revolucionario para la juventud de la época, su propósito inicial fue fundir el flamenco con el rock progresivo. Otra forma de divulgar el nombre de Triana y de renovar su perfil.

La del Puente y el Río  

Al principio de los días el río, a su paso por Sevilla, se dividía en tres brazos. Puede que ahí esté uno de los orígenes etimológicos de Triana. Descomponiendo el vocablo en términos lingüísticos nos queda el numeral latino “tri” y la voz aria “ana”, la cual significa río. Con este detalle etimológico compruebo la importancia que desde la creación de Triana ha conllevado el río. Ese Río fronterizo que las separa. El Betis es el más fuerte nexo de unión entre ambas. Triana y Sevilla. Sevilla y Triana.

El río Guadalquivir, como casi todo en Triana, posee una doble visión. La buena y la mala. La aportación negativa del Río fueron las inundaciones que hasta 1853, fecha de la última arriada, se producían por las lluvias y posterior subida del Río llenando de agua Triana. Nos cuenta Vicente Acosta en su libro Triana cómo en distintas salidas del río por las calles navegaban los barcos y muchas casas se derruían perdiéndose media Triana. No obstante, y como ya he dicho anteriormente, el Río tiene un lado bueno. El Guadalquivir les ha dado oficio y profesión a muchas personas. En primer lugar, la Vega que baña el Río da fertilidad a las tierras próximas y permite cultivar en cantidad naranjas, melones o melocotones, y toda clase de frutas y legumbres, suministrando a Triana y Sevilla con las numerosas huertas de las riberas del Guadalquivir. Por añadido, otra profesión asociada a Triana y a su Río es la de marinero. Término que la ha definido popularmente. La marinera, que con el auge del descubrimiento de las Indias fue puerto clave en España. En resumidas cuentas, el río para los trianeros es muerte y vida. Es hambre y sustento. Es llanto y alegría.

Sin embargo, si el río las separa, el puente las une. Los treinta y seis círculos y tres arcos de madera e hierro se constituyen como símbolo universal de Triana. Comenzó a levantarse por los franceses Gustavo Steinacher y Ferdinand Bernabet en 1845 ante la precariedad del almohade puente de barcas. Se inauguró el 31 de enero de 1852 imponiéndole el nombre de Isabel II, siendo ésta reina de España en ese año. A pesar de ello, todo el mundo lo nombra y conoce como puente Triana. A la entrada de Triana por dicho puente se encuentra la pequeña capilla del Carmen, conocida coloquialmente como «El Mechero» y construida por el arquitecto regionalista Aníbal González. En ella se encuentran imágenes del anterior puente de barcas que durante tanto tiempo sirvió como única unión física entre Sevilla y Triana.

La cristiana  

Es Triana una dicotomía en todos sus aspectos. En la pasión, representación y vivencia de la muerte de Jesús, Triana alza esa dicotomía a su máximo exponente. El dolor por la muerte se expresa con música. Se baña de Esperanza cada madrugada de Jueves Santo, recibiendo a la Dolorosa entre pétalos de rosa y el gozo del gentío. Es la tristeza trasmitida con alegría. Por eso, en Triana cada día de esa Semana Mayor se enciende La Estrella como purificación; se anticipa el gozo de la Resurrección. Se viste de blanco, como los ríos claros de nazarenos de la cofradía de San Gonzalo cruzando el Puente hacia Sevilla. De blanco puro. Es como un milagro de fe que Triana renueva cada primavera en sus templos, en sus calles y en su gente.  La Semana Santa de Triana en su expresión interna, en su vivencia propia es patrimonio exclusivo y particular de un barrio que vive los misterios profundos de su fe como vive todo lo demás. Sentimiento único con el que los trianeros acompañan, sienten y celebran todos y cada uno de los acontecimientos de su vida.

Nos instruye el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Jesús M. Palomero Páramo que son cuatro las arcaicas hermandades trianeras que, tras su germen en los vetustos gremios y tras diversas fusiones entre ellas, realizan estación de penitencia a la grandiosa Catedral. Partiendo de la Capilla de la Estrella en la calle San Jacinto, Nuestra Señora de La Estrella, «La Valiente» y la sedente escultura del Señor de las Penas; desde la Capilla de los Mareantes en la calle Pureza, Nuestra Señora de la Esperanza, «La guapa de Triana», y el Señor de las Tres Caídas junto al majestuoso caballo de su paso de misterio; de la Parroquia de La O en la calle Castilla, Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de la O; y por último desde la Basílica menor de la misma nomenclatura a la escultura que alberga, el Cristo de la Expiración, más conocido como «El Cachorro» y la Virgen del Patrocinio.

Me centraré en primera instancia en sus templos, y en particular en el más veterano de ellos. Templo que cuando el puente de balsas unía Triana y Sevilla recibía a sus cofradías en estación de penitencia. Me refiero a la Real Iglesia de Santa Ana. La parroquia de Santa Ana está enclavada en la zona norte del antiguo Barrio, entre las calles Vázquez de Leca, Pureza, Bernardo Guerra y Pelay Correa. Erigida en el siglo XIII por Alfonso X El Sabio gracias a la curación de una enfermedad en los ojos de éste mediante un milagro de Santa Ana. De estilo gótico, en 2010 se restauró su retablo quedando como originalmente fue construido. Su torre mudéjar y ella están consideradas Bien de Interés Cultural por el Patrimonio Histórico de España. Lugar céntrico de Triana, donde el devoto encuentra el lugar de consuelo a sus rezos, sus imágenes siguen procesionando en andas y el foráneo encuentra un remanso de historia, arquitectura y paz.

La torera 

Juan Belmonte da la espalda a Triana y mira Sevilla como quién desafía al toro. Con su pecho enmarca al símbolo sevillano por excelencia, la Giralda. Ese monumento que cito pueden apreciarlo en la plaza del Altozano, espacio primero que divisamos cuando nos aproximamos desde Sevilla a través del Puente. La estatua recuerda, cómo nos contagia el escritor sevillano Antonio Burgos en su página El RedCuadro, a un Belmonte juvenil, traído a hombros de La Maestranza por el Puente desde la vecina orilla hasta su casa en el corral de vecinos de la calle Castilla. O un Belmonte niño toreando en el Altozano. La figura del matador de toros que nos contara el periodista Manuel Chaves Nogales, y que ha marcado a la Triana taurina.

Es ejemplo Belmonte del hecho de que nacer en una u otra orilla no marca nuestra manera de ser. Nadie duda de las dotes taurinas que tuvo este sevillano nacido en la calle Feria, entre la Basílica de la Macarena y la Alameda de Hércules, que impuso sus formas y modos de interpretar y de hacer el toreo.Belmonte revolucionó la lidia, en él se apoya toda la tauromaquia que hoy se ejecuta. No cabe duda que era consciente de lo que hacía. No se trataba de un lunático o un irresponsable, como algunos creían. En La música callada del toreo dice José Bergamín «A parte de las cuestiones técnicas, lo más importante para la lidia, sea cuales sean los términos en que ésta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es también toreo. Se torea como se es. Esto es lo importante: que la íntima emoción traspase el juego de la lidia […] que el hombre sienta cada vez que el ejercicio de su arte, el suyo peculiar, por ínfimo o humilde que sea, le hace sentir el aletazo de Divinidad».

Muchos han sido los toreros que desde antaño hasta la actualidad han salido de las casas de Triana. Por ello podemos considerarla como al igual lo hemos hecho con el flamenco como cuna del arte de la lidia. Porque como decía Bergamín el toreo es estilo propio y desde Triana ese estilo se tiene a raudales.

La alfarera

Nombrar Triana es nombrar la cerámica. Es una marca reconocida en España y el mundo. Es tal la importancia que la cerámica y azulejos aportan a la identidad trianera que es parte de la vida diaria. Tanto en calles como hogares, el visitante puede apreciar la esencia alfarera que el oficio ha dejado en el barrio. Si pasean por la calle Pureza, acercándose a la Capilla de los Marineros verán en sus blancas paredes azulejos a la Virgen de Nuestra Señora de la Esperanza o al Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Incluso, si continúan por esa misma alargada calle son muchos otros los modelos de loza trianera que encontrarán en balcones de casas particulares o esquinas. También en el comienzo de la calle Castilla, en su intersección con San Jacinto, existe un monumento recubierto de placas de cerámica con oraciones relacionadas con el barrio. A lo largo de Triana, tanto en su zona antigua como en su zona más contemporánea encontrarán ejemplos de alfarería.

No obstante, en mi afán por conocer la causa y el origen alfarero y cerámico de Triana me cuestiono: ¿por qué Triana y no la Alfalfa, San Lorenzo, la Alameda o cualquier otra zona de Sevilla? Como en anteriores ocasiones tenemos que volver atrás en el tiempo y saber que el trabajo de la alfarería, con el consecuente humo del oficio, se arrastraba a la periferia de las ciudades. De ahí que Triana contara con más de la mayoría de alfareros de la ciudad de Sevilla. Además, de nuevo el Río es protagonista, por su limitación, Triana era lugar ideal para la llegada de materias primas y salida de los productos ya manufacturados. Asimismo, la baja densidad de población en las casas de Triana ayudaba a crear talleres en los patios traseros de los corrales.

En Triana han residido los más importantes ceramistas de nuestra historia. Sus hornos han creado azulejos para los Reales Alcázares en época de los Reyes Católicos, para Carlos V, cuando éste quiso reformar los revestimientos de la Sala Mexuar en la Alhambra de Granada o para el frontal del altar de la Adoración de los Reyes Magos en una capilla de la Mezquita de Córdoba. Sin embargo, las colecciones cerámicas de nuestros museos sevillanos se encuentran en una situación bastante deficiente, según nos comenta el Profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Alfonso Pleguezuelo. La posible solución a esta dejadez con la cerámica trianera sería la creación de un Museo de la Cerámica de Triana, y así poder organizar una exposición permanente valorando su nivel cultural, artístico, estético e histórico. En este ámbito, Triana puede enorgullecerse como ningún otro barrio de Sevilla por poseer una historiografía propia que no debe perderse en la apatía y abandono de su legado.

La Contemporánea

Dejo atrás la literatura del siglo XVI de picaresca y ladronzuelos a la que se refería Miguel de Cervantes en su Rinconete y Cortadillo o la mala fama de los viajeros románticos ingleses y franceses como George Borrow que aseguraba encontrar en Triana a lo más indigno de la población y a abundantes gitanos, con todo el desprecio en sus palabras. Esa postal rancia del Siglo de Oro de gente de mal vivir. Elijo a la Triana contemporánea, una miscelánea de tradición y modernidad. Prefiero la representación de un pueblo que ha desempeñado las labores más duras como el barro, la fragua, los muelles o la pesca. Me inclino por esa Triana capaz de lo imposible. Crear en el núcleo de un tradicional barrio andaluz y lleno de viviendas, aviones como El Saeta. Contar con una factoría que tendría a uno de los ingenieros alemanes más laureados del mundo. Ser, también, la industria de la peligrosa fabricación de pólvora abasteciendo a toda la Armada española. O la trabajadora del jabón en inhumanas condiciones. La Triana que salvaguarda a Sevilla.

Comprobé que todo tópico tiene un principio, y Triana, con los suyos, no iba a ser menos: el cante y baile gitano de las Cavas, el toreo de Juan Belmonte, la poesía de Alberto Lista o la pasión religiosa de los devotos de Santa Ana. Si sólo quedas con una idea de Triana, te quedarás a las puertas del barrio. A pesar de ello, los términos, palabras e imágenes de Triana se tergiversan y dan como resultado los tópicos que nos dibujan sobre ella. Triana es un lugar especial en el mundo. Un lugar donde las lágrimas son llevadas con alegría; y las alegrías llevadas con lágrimas. Un lugar que actualmente ha desmantelado sus industrias y perdido en casi su totalidad su carácter pueblerino y marinero. Un lugar donde existen personas trabajadoras, sabias, nobles y repletas de arte. Un lugar enmarañado de mitos y leyendas. Un lugar, TRIANA.

Texto: Creación propia para la asignatura Periodismo de Viajes en el curso 2012/13

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s