Morir será una gran aventura

Da miedo. Todavía no, una vez más. Aún no estoy preparado. Tiempo, dame unos minutos más. Da demasiado miedo. El cuerpo se me encoje, el estómago me centrifuga y la mente pierde el control creando irrealidades que me harían pensar tener problemas mentales bastantes serios. Cálmate. Esto ya lo has hecho en otras ocasiones, pero no. Todo es nuevo siempre. Cada lunes es diferente. No permitas que te ciegue. Puedes hacerlo. Hazlo. El tiempo nunca fue gran amigo del hombre y no me concede esos segundos añorados. Te obliga a hacerlo. Te empuja ante la realidad.

Hoy leí una inmensa verdad a mi parecer: Las personas, como los trenes, sólo pasan una vez en la vida; en sus matices, podemos pensar que tenemos personas que nos han ofrecido varias oportunidades. Mi escaso proceder en la vida me chiva que si ese tren pasó, lo dejaste partir y el milagro se produjo con un segundo tren, el destino no será muy afortunado. Ni tampoco correcto. No pasa nada. Otra oportunidad llegará. Mi consejo: no malgastes tus días en la infelicidad que más tarde maldecirás. No subas a ese segundo tren. No tomes un destino al que no estas destinado. Busca, lucha y elige tu primer tren. Ese tren que te hará morir diciendo que el camino ha merecido la pena. Que morir será una gran aventura.

Ahora sólo me queda aplicarlo.

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Mi elección

Decidí hace tiempo cuál sería mi camino. La forma en que me gustaría vivir la vida. El modelo. Los valores. O Qué no debía dejar de hacer nunca. Llamadlo como más gustéis. Fui consciente que no podía negarme a mí misma, aunque fuera más complicado que dejar de lado todo. Ser egoísta. Centrarme en mí, en mis pensamientos, en mis actos, en mi entorno, en quiénes y qué me rodea. Es decir, eliminar muchísimos más aspectos de los que, a priori, me incumbían.

No podía, ni sé hacerlo.

¿A qué me refiero con esto?

Aludo que prefiero una vida complicada. Un discurrir ocupado en entender. Leyendo. Comprendiendo. Sumando. Aprendiendo. Me apetece recordar que no somos objetos. Tú y yo, a disgusto de demasiados, somos sujetos sin ranura para tarjetas de memoria; quiero decir, no tenemos fin. No poseemos un tope. Somos susceptibles al infinito. No nos completaremos nunca. Vivir 10 vidas podría ser maravilloso si la madre naturaleza y tu ingenio te lo permitieran. Cuántos millones de aventuras te quedan por descubrir y no lo harás nunca. Al menos que tú recuerdes. Es enrevesado, lo sé. Pero, ¿tienes algo mejor por hacer? Piénsalo. Alguien, supongo, me cuestionaría en qué mejora mi existencia conociendo lo ocurrido hace años en una plaza china donde mataban a personas por pedir libertad. O por qué me gusta saber el nombre de la capital de Mongolia. Cómo se llama un escritor norteamericano de la década de los 70. A saber, millones. Mi respuesta será: “Nada, no me sirve de nada.” Sólo deseo algo más que convertirme en contadora de días aplastada por la cegadora y aplastante rutina.

Mi elección: La de sentir culpabilidad ante el dolor de otros a pesar de estar totalmente desvinculada de la causa y sus causantes. Elegí ser como soy e intentar diariamente crear con las palabras. Construir ideas en tu cabeza, además de ser honesta con mis construcciones. Ser responsable de lo que digo, lo que expongo, lo que escribo y dispongo. Sé que todo esto me traerá más tristeza que alegría. De las pocos aspectos seguros que tengo, pero es mi elección y no rehusaré de ella.

Aún me queda mucho por…conocer. Dar. Bailar. Equivocarme. Descubrir. Viajar. Besar. Arriesgarme. Fotografiar. Gritar. Caminar. Ir donde nadie creía que iría. Sentir. Llorar. Escribir. Gemir. Hacer. Lamer. Volar. Cantar. Amar. Ayudar. Vivir.