¿Quedará alguna palabra que el ser humano no haya pervertido?

El tiempo y las palabras distancian los hechos de la realidad aunque no por ello evitan el dolor que los sentimientos pronuncian. Pueden hacértelo, quizás, llevadero. Te ayudan a filtrar pensamientos. Eres un poco menos vulnerable. Tienes un apoyo allí, no sé donde. Algo intangible que tanto significa. Todo ello si las palabras o el tiempo no son un obstáculo más en tu, ya, más que machacado camino. Quién sabe. Quién sabrá. Nadie.

Existen personas que hablan y hablan y hablan. No pueden parar. Para ellos es forma de vida como para mí es sentirme chiquita. Pues algo así. Les gusta hablar de todo y todos. Repasan hasta el último detalle. Y lo mejor, en algún momento de su vida recibieron una tarjeta vip que les hace acreedores de la ventaja del derecho divino a ser escuchados. O más bien oídos. Bueno, tú aceptas dicho pase vip. Allí estás hasta que ya no recuerdas cuando dejaste de hacerlo y comenzaste a dejarte volar sobre alguna banalidad que tu mente busca en forma de salvavidas rojo de playa. Sí, esos sólo vistos en las series americanas de silicona y carreras por la arena. Cuando despiertas de tu letargo de sobreviviente sientes una pesada culpa. Por tu mente pasa un “Joder, no he escuchado nada de lo que ha estado diciendo”; por tu boca un “Sí, sí, es verdad” para nada convincente y acompañado de un movimiento vertical de cabeza. Y hasta la próxima gran aventura de tu conocido/amigo en forma de palabras vacías. La otra parte del hemisferio terrestre se compone de quienes utilizan el desatascador del baño para brindar al mundo de los vivientes palabras con sentimiento. Les cuesta. Nos cuesta muchísimo. A diferencia de los very important person, lo más común que pensamos es un “No les importa una mierda lo que estoy pensando o lo que me está pasando”. Normalmente equivocado, pero totalmente asentado en nuestra consciencia. ¿Un fallo? Quizás. Algunos dicen que mejor parecer tonto que no abrir la boca y certificarlo. Nos quedaremos con la duda de si esas palabras merecían el rato de escucha. Ah, se suma que normalmente aparece un vip para cortar y zanjar el mínimo monólogo al país de Nunca Jamás. Catapún. Adiós. Ohhh también hay tiempo para el feedback. Pedir una ayuda. Normalmente desesperada. Al aceptar versión exterior y dejar entrar en ti otras perspectivas ajenas, no por ello acertadas, claro, dejas escapar tu realidad desde los adentros. ¿Qué cosa más complicada, verdad? Pues sí, lo hacemos. Y normal y casualmente este intercambio de pareceres nos cambia. Nos hace ver las cositas que nos arrebatan la salud mental de forma distinta. Mejor o peor, pero frecuentemente cambian.

Al fin y al cabo, PALABRAS. Y hoy tengo la triste sensación de que nos las estamos cargando. Les estamos arrebatando su valor. Amor, por ejemplo -Já, he elegido una complicada ¡eh!- ¿Quién podría definirme la palabra amor? No quiero a ningún académico de la RAE, deseo que me teoricen un poquito sobre qué significa actualmente el amor para la sociedad. ¿Y futuro? ¿Esperanza? ¿Nobleza? ¿Honestidad? ¿Hijolagranputa? Yo apuesto a que tergiversamos tanto que desposeemos a las palabras de su significado. Si el lenguaje es la forma humana de comunicarnos, hacernos entender y comprender al prójimo, ¿por qué tenemos una acepción personal y personalizada para cada vocablo? Me veo a lo 1984, inventando mi propio lenguaje. A los sin nombre que manejan hilos esto les encanta. Llevan años de manipulación a través de las palabras. Una manipulación más que consentida. La aceptamos y practicamos alegremente. Otro ejemplo que me gusta. Paz. Ya no aspiramos a ella ni de forma escrita. Qué guay todo ¿verdad? Ya no más o lo siguiente que escriba irá directo a la destrucción de la humanidad con tanto positivismo incrustado.

Sin palabras y sin tiempo para evadirnos de este mundo al que le encanta putearnos todo será mucho menos llevadero. Y hasta aquí mi reflexión del día.

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