En la espalda

Él se acerca a su espalda. Ella está absorta en movimientos de rutina mientras se quita la ropa. Lentamente. De las tareas inhibidas; sólo eso aunque guarden una gran belleza. El lomo desnudo lo atrae. Sus manos se deslizan por los costados y crecen. En menos de una milésima de segundo los poros bullen para recibirlo. Las manos ya tocan unos pechos erizados repletos de fiebre. Él la calienta abrigando su dorso con ansia. Ella torna la cabeza para encontrarse con quien ya sabe la recibirá. Ahí, se topan en una miscelánea de deseo y antojo. Sus bocas medio entornadas no tienen otro remate. Y se tocan los labios. Él ha llegado a su destino. Sus palmas mezclan la piel. Amasa y acaricia a la vez. Ella remata la interrupción del mundo de los vivos y presagia estar bajando al infierno para quemarse sin auxilio. La suelta. El diptongo se hace hiato. Ya. Él Besa su pelo y se aleja. Ella toma su ropa de cama y mantiene la rutina. Pijama, sueño y mañana será otro día. 

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