Facilísimo

Cuando eres joven siempre piensas que lo malo, dañino, doloroso y por lo que tantas lágrimas estás derramando, es lo peor que te ha pasado en la vida. Lo último, lo peor. En mi suposición lógica, concluyo será, esta cavilación mía, por las pocas vivencias que normalmente un joven ha probado. Este pasado verano, por ejemplo, una traición me pareció lo peor que a mi cuerpo y a mi mente le había sucedido en sus casi 23 años de vida. Después, han ocurrido otros acontecimientos, pues, que lo han sobrepasado. Y como con este, con todo los anteriores. Igual que superaron aquella ruptura, aquel enfado con tu mejor amiga o aquella declaración vana. Te ríes, irónicamente claro, al recordar ese momento que tanto mal te originó. ¿Cómo pude sentir aquellas nauseas por ese algo? Te preguntas en la distancia que el tiempo te proporciona. La cuestión final, y que realmente importa, es la apariencia de que todo va siendo más complicado según vas cumpliendo años. Tu rutina más pesada, tus desamores más dolorosos, tus relaciones personales más enconadas o las personas que conoces más extrañas y complicadas.

A veces, pienso que a quienes queremos son los que más daños nos causan y nos causarán interiormente hasta nuestra muerte. Terminas pensando que quienes te agradan son las peores personas de este mundo. ¿Por qué? Pues, será que quienes no te gustan lo llevan marcado en la frente. Esos seres no serán capaces de alterar tu existencia. En cambio, a los que quieres, te cautivan o tienes cariño, pueden crearte los peores sentimientos que llegarás a vivir. Además de los mejores. Tú, les cedes el alma. Hacen malabares con ella. Algún día un trozo acaba cayendo estrepitosamente al suelo; estallando en mil pedazos. Aprende a ceder a quien no juegue contigo. Fácil ¿no? Y se me dibuja una sonrisa hecha de experiencias “fáciles” ya pasadas. Facilísimo.

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La noche de Andrés

Esa noche el hombre se hizo inmortal. El portero se hizo pasador. Las tempranas lágrimas de Adriano atravesaron almas y describieron la realidad de miles de sevillistas. La mil veces repetida unión entre el duende y D12S, única. El coraje de Puerta marcando su penalti, eterno. La garra de Drago, perpetua. Las puntas de los dedos de Palop, imborrables. Esos guantes blancos que paraban balones imposibles. ¿Cómo hiciste aquello, Andrés? Todavía hoy recuerdo esa angustia cuando, con el empate en el marcador, los minutos de la prórroga corrían veloces como Navas por su banda diestra, y para la ronda de penaltis que nos íbamos. Dios mío. No tenía muy seguro que mi pecho en taquicardia aguantara aquello. Mas el destino sevillista nos tenía guardado a un portero con un alma tan inmensa que hasta con ella paró balones pericos. Y nos hizo ganar. Otra vez. Un año y seis días después allí estábamos en un verde césped escoces ganando nuestra segunda copa de la UEFA. Y tras parar, parar y parar, corrió, corrió y corrió. Ya nadie lo paraba a él. Qué grande eres Andrés.

Gracias por darme TANTA GLORIA Y TANTO FÚTBOL. GRACIAS

La España de las Autonomías

Recuerda esta España de las autonomías, del déficit y esas cosas de las que poco entiendo a un casa con una madre negada ante la distribución y organización de sus muchos y alborotados chiquillos.

Está el que quiere irse de casa, pero que mamá le planche, cocine y le dé la paga. Está, también, el que viendo como otros buscan la independencia se pone celosón y también se la piden a mamá Estado. Además están los que sólo saben quejarse del dinero o criticar al resto. En resumen, joder la marrana sin aportar remedio alguno. Ante tal escaparate, la madre de la casa incapaz no llega nunca a tiempo, y ciertamente nadie la espera.

Todo se desmorona, el futuro de la familia en juego y el cielo más negro no se puede ver. Personalmente, me produce pena esta situación pero es cierto que no he conocido más que una España Autonómica de continua división y tan diferentes formas de entender la vida. A pesar de ello y de los muchos defectos que tiene este sistema de constante crispación y riña, no veo solución próxima ni sencilla para que la familia salga adelante. Lo dicho, una pena.

Y mientras tanto papá en Alemania…

Soberanía privada

Atendiendo a que la soberanía reside y pertenece al pueblo y el Estado está al servicio de éste, me pregunto por qué se intenta ajusticiar a ciudadanos de dicho pueblo que revelan secretos estatales que más que ir contra la seguridad plural atenta contra los intereses privados de un gobierno concreto o de sus intereses personales. Las informaciones confidenciales de los Estados deben ser conocidas por sus ciudadanos una vez ese tema esté zanjado. Y más importante aún, los gobiernos de turno no debe olvidar NUNCA que cobran sus sueldos para asistir al pueblo y para una mejor organización, avance y crecimiento de quienes los han votado.

El cachorro

Hace menos de dos años recuerdo estar en clase haciendo el perfil de una joven política. Casi desconocida a nivel nacional y abriéndose camino en el Psoe sevillano y andaluz, los entendidos en política local la definían como la manijera de la calle San Vicente. Hoy, Rubalcaba, líder supuesto socialista, la ha definido con una sola palabra: poderío. Mucho de eso hay que tener para ir arañando, como lo ha hecho ella, hasta llegar a ser para muchos la futura candidata al gobierno de España.

Ruta de salvación perfecta para la regeneración socialista. Se podría decir que casi sin buscarlo, lo encontraron. Susana puede ser la más bonita casualidad socialista. Es la imagen joven, nueva y sincera que se había perdido. Que nadie veía ya y que Díaz ha traído consigo. Nada mejor en política que la imagen, el hacerle creer al pueblo lo que el pueblo quiere creer. Populismo de mismo perro con distinta correa. Esa es Susana Díaz Pacheco. Una inteligentísima estratega curtida con la didáctica de los adalides socialistas andaluces que ha sabido pescar en río revuelto. Encontrar su sitio de privilegio que nadie quería o sabía asumir. Una mujer que ha vivido por y para la política desde su más temprana juventud. No pretendamos que el cachorro muerda el hueso de forma diferente cuando tiene la misma sangre que el perro viejo.

Tu jugar sin un juego

¿Cuán importante es aprender a enamorarse? Saber dar y recibir. Cómo ilusionarse con los hechos y no con las expectativas. En el día a día. En los malos momentos. En las dolorosas historias. En la rutina. ¿De qué sirve para mí tus castillos en el aire, tus besos de un momento, tu roce sin caricia, tu jugar sin un juego? De nada sirve si tu presencia no me llena nada. A mil historias pasadas, mejor sola que mal acompañada.