.

Que mis entrañas quieren lamerte

extrañan tu mal sabor.

Que mi orgullo desea matarte

para devolverme mi honor.

Que ya no puedo olvidarte

y rescribir lo que pasó.

Que las manos se van para rondarte

con cada gota de rencor.

Que mis sábanas blancas se tiñeron de dulzor

fuerte y extremo con tu boca y el sudor.

Dulzor amargo con lluvia que corrió

bajo tus pies y los míos

los caminos desunió.

Sólo pronunciaste dos palabras ya no

que el tiempo no ha querido hacer viables a este lado del salón.

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