Vida

Septiembre, 2014

Las certezas de las personas que pululan a tu alrededor. Te llegan. Chocan contra ti. Consejos, palabras, frases que el ser humano, simplemente, idea para rellenar sus días y complacer su vivencia. Vida. Una palabra tan genérica y concreta a la misma vez. La odio. Siempre he intentado buscarle una sustituta. Un sinónimo. Pero vida no tiene un remplazo. Es ella. Sin más. Es en vano. Necesitas la palabra vida. Anda por tu pensamiento, entre los días. Odiosa palabra. La odio.

Siempre me he preguntado por qué tomamos imprescindibles en nuestra vida – otra vez, mierda palabra-. Por qué. Todos vamos a desaparecer. Todos acabaremos con fundido en negro. Todos tan prescindibles. Todos llenando este breve paseo de acciones que no queremos realizar.  De pasos que no queremos dar. En lugares que no queremos estar. Y lejos de las personas que añoramos.

¿Me voy a pasar la vida – puta- pensando que no quiero?

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Aprendiendo de la incertidumbre

¿Qué pasa si se aprende de los errores? me gustaría preguntarte. Toda conciencia viviente acogería su raciocinio y me contestaría que aprender de los errores es algo maravilloso. Si aprendes del fallo  no lo volverás a cometer. Bien. ¿Qué pasa si aprendí del error para que ahora otros lo comentan conmigo? Raciocinio inservible, ¿verdad? Resquebrajado y roto. ¿Qué pasa si…? No tengo nada que decir. Si el estado de las cosas cambió de sitio. Porque han cambiado de lugar.  Ahora yo estoy allí y tú estás aquí. O puede que sea al contrario. No lo sé. Tampoco quiero saberlo. Ahora, sí, ahora, en estos días, en estos meses, estas últimas semanas, soledad es mi mayor defecto. Me reconcome por dentro con la libertad que mi miedo le cedió. ¿Me voy a sentir mejor reconociendo mi mal comportamiento? ¿Es un mal comportamiento? Sigo sin saberlo. Esta vez, quizá sí me importe.

Está siendo como estar agarrada a un clavo ardiendo. Que no es clavo. Es simple masa que tapa la herida. De las baratas y poco permanentes. De las que te arreglan un momento y sólo hacen agrandar la herida. De las que sabes que a la primera ola, desaparece como si antes no hubiera estado allí. Sin rastro.

Mantente en equilibro con tu incertidumbre.

Ella

Bella, atractiva y simple. Devastadora a la vez. Es dolor que corre bajo mi piel. Siento cansancio y letargo repentino cuando pienso en Ella. Nocturna y fría; aunque cálida y ácida en su bienvenida. Ha ido cruzándose en mi camino una y otra vez desde que la conocí. Tan pocos momentos pero tan intensos. Siempre mojada y sombría. Extraña y adictiva. Bonita y dolorosa. Bulliciosa y solitaria. Ella es un beso a otra persona. Ella es destino y final. Ella es un intento en la nada. Como los pies mojado con la boca seca. Asquerosa mezcla. Como el aliento entrecortado. Como un callejón sin luz que acaba en palabra bajo la ligera luz anaranjada. Ella es soledad. Y vacío. Y engaño. Y una vista al fin del mundo. Ella está lejos de todo. Cerca de la nada. Te mira para ya no dejarte escapar. La miras para no volver ya atrás. Ella es palabra establecida. Mentira. Un guión prefijado y aprehendido. Palabras en la memoria. Estatuas grises e iglesias de colores. Te hará sentir como gota de lluvia que recorre una espalda. Fría y especial. Húmeda. Como calle en descenso para más tarde trepar. Resbala. Ella es el todo a través de un cristal. Ella es silencio. Ella es vanidad. Ella es ansia, desesperación, hastío y decepción. Ella será la ocasión perdida.

Ella es la ciudad que te acaba de enamorar sin que esto le importe. Ella es la que te va a abandonar sin consideración. Rápida e indolora. En tu memoria. Ella

Facilísimo

Cuando eres joven siempre piensas que lo malo, dañino, doloroso y por lo que tantas lágrimas estás derramando, es lo peor que te ha pasado en la vida. Lo último, lo peor. En mi suposición lógica, concluyo será, esta cavilación mía, por las pocas vivencias que normalmente un joven ha probado. Este pasado verano, por ejemplo, una traición me pareció lo peor que a mi cuerpo y a mi mente le había sucedido en sus casi 23 años de vida. Después, han ocurrido otros acontecimientos, pues, que lo han sobrepasado. Y como con este, con todo los anteriores. Igual que superaron aquella ruptura, aquel enfado con tu mejor amiga o aquella declaración vana. Te ríes, irónicamente claro, al recordar ese momento que tanto mal te originó. ¿Cómo pude sentir aquellas nauseas por ese algo? Te preguntas en la distancia que el tiempo te proporciona. La cuestión final, y que realmente importa, es la apariencia de que todo va siendo más complicado según vas cumpliendo años. Tu rutina más pesada, tus desamores más dolorosos, tus relaciones personales más enconadas o las personas que conoces más extrañas y complicadas.

A veces, pienso que a quienes queremos son los que más daños nos causan y nos causarán interiormente hasta nuestra muerte. Terminas pensando que quienes te agradan son las peores personas de este mundo. ¿Por qué? Pues, será que quienes no te gustan lo llevan marcado en la frente. Esos seres no serán capaces de alterar tu existencia. En cambio, a los que quieres, te cautivan o tienes cariño, pueden crearte los peores sentimientos que llegarás a vivir. Además de los mejores. Tú, les cedes el alma. Hacen malabares con ella. Algún día un trozo acaba cayendo estrepitosamente al suelo; estallando en mil pedazos. Aprende a ceder a quien no juegue contigo. Fácil ¿no? Y se me dibuja una sonrisa hecha de experiencias “fáciles” ya pasadas. Facilísimo.

Tu jugar sin un juego

¿Cuán importante es aprender a enamorarse? Saber dar y recibir. Cómo ilusionarse con los hechos y no con las expectativas. En el día a día. En los malos momentos. En las dolorosas historias. En la rutina. ¿De qué sirve para mí tus castillos en el aire, tus besos de un momento, tu roce sin caricia, tu jugar sin un juego? De nada sirve si tu presencia no me llena nada. A mil historias pasadas, mejor sola que mal acompañada.