Feminismo y otras acepciones erróneas

No podemos permitir una sociedad donde un alcalde dice tener “miedo” porque una mujer entre con él en un ascensor se desnude; así implicándolo en no sé qué. Tampoco podemos vivir en paz en una comunidad donde mujeres creen que la invitación a un café es síntoma de machismo. Menos aún podemos tener denuncias falsas por violación -siendo estas un ínfimo porcentaje-. No podemos aceptar un país que no lucha correctamente contra el machismo. Muchos de nosotros hemos sido educados en igualdad; al menos yo percibo mi aptitud para realizar cualquier actividad al igual que un hombre sin que mi concepción de mujer me reste. Esto no elimina la cantidad de indicios machistas que miles de mujeres sufren. No podemos dejar de lado y tomar a risa algo muy serio.

En estos días gastados en risas, acusaciones o chistes, otras mujeres estaban siendo maltratadas o tratadas de forma inferior por el simple hecho de haber nacido mujeres.

Ni hombres rehusando de las mujeres con argumentos tales “es que vosotras queréis convertiros en algo superior” ni mujeres creyendo una ficticia superioridad y en añadido acusando de machismo acciones corrientes del día a día van a ayudar en la pugna contra el machismo.

A mi entender, el día que nos tratemos como personas y dejemos de juzgar la capacidad de éstas por su sexo nuestra sociedad avanzará un poco más. Mientras tanto, queda mucho por mejorar.

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La España de las Autonomías

Recuerda esta España de las autonomías, del déficit y esas cosas de las que poco entiendo a un casa con una madre negada ante la distribución y organización de sus muchos y alborotados chiquillos.

Está el que quiere irse de casa, pero que mamá le planche, cocine y le dé la paga. Está, también, el que viendo como otros buscan la independencia se pone celosón y también se la piden a mamá Estado. Además están los que sólo saben quejarse del dinero o criticar al resto. En resumen, joder la marrana sin aportar remedio alguno. Ante tal escaparate, la madre de la casa incapaz no llega nunca a tiempo, y ciertamente nadie la espera.

Todo se desmorona, el futuro de la familia en juego y el cielo más negro no se puede ver. Personalmente, me produce pena esta situación pero es cierto que no he conocido más que una España Autonómica de continua división y tan diferentes formas de entender la vida. A pesar de ello y de los muchos defectos que tiene este sistema de constante crispación y riña, no veo solución próxima ni sencilla para que la familia salga adelante. Lo dicho, una pena.

Y mientras tanto papá en Alemania…

Soberanía privada

Atendiendo a que la soberanía reside y pertenece al pueblo y el Estado está al servicio de éste, me pregunto por qué se intenta ajusticiar a ciudadanos de dicho pueblo que revelan secretos estatales que más que ir contra la seguridad plural atenta contra los intereses privados de un gobierno concreto o de sus intereses personales. Las informaciones confidenciales de los Estados deben ser conocidas por sus ciudadanos una vez ese tema esté zanjado. Y más importante aún, los gobiernos de turno no debe olvidar NUNCA que cobran sus sueldos para asistir al pueblo y para una mejor organización, avance y crecimiento de quienes los han votado.

El cachorro

Hace menos de dos años recuerdo estar en clase haciendo el perfil de una joven política. Casi desconocida a nivel nacional y abriéndose camino en el Psoe sevillano y andaluz, los entendidos en política local la definían como la manijera de la calle San Vicente. Hoy, Rubalcaba, líder supuesto socialista, la ha definido con una sola palabra: poderío. Mucho de eso hay que tener para ir arañando, como lo ha hecho ella, hasta llegar a ser para muchos la futura candidata al gobierno de España.

Ruta de salvación perfecta para la regeneración socialista. Se podría decir que casi sin buscarlo, lo encontraron. Susana puede ser la más bonita casualidad socialista. Es la imagen joven, nueva y sincera que se había perdido. Que nadie veía ya y que Díaz ha traído consigo. Nada mejor en política que la imagen, el hacerle creer al pueblo lo que el pueblo quiere creer. Populismo de mismo perro con distinta correa. Esa es Susana Díaz Pacheco. Una inteligentísima estratega curtida con la didáctica de los adalides socialistas andaluces que ha sabido pescar en río revuelto. Encontrar su sitio de privilegio que nadie quería o sabía asumir. Una mujer que ha vivido por y para la política desde su más temprana juventud. No pretendamos que el cachorro muerda el hueso de forma diferente cuando tiene la misma sangre que el perro viejo.

No voy a enamorarme

Me hablas de amor y pienso en un escudo. Actualmente quien mejor representa ese escudo es un rubio apacible con apariencia de no haber roto un plato en su vida pero que esta temporada ha marcado en el Camp Nou, Santiago Bernabéu y, por último ayer, en el Vicente Calderón. Llegó como quien no quiere la cosa pero hoy tanto afición como equipo no sabrían qué hacer sin él. Un capitán que ha demostrado ya en diversas ocasiones cómo debe comportarse el líder de un equipo dentro y fuera del campo. En el derby por ejemplo. Como para olvidar sus palabras en el túnel de vestuarios antes de jugar contra el eterno rival. O la última, contestándole a una periodista que lo interpelaba sobre su futuro profesional. En pleno Madrid el bueno de Iván dijo que le gustaba jugar en el Sevilla. Antes, ahora y siempre. Y punto final.

Es demasiado perfecto y por eso yo he decidido no enamorarme de él. Sé de la probabilidad de su marcha aunque él guste de jugar con la camiseta de mi equipo. Se irá pronto. Ese pronto quizá sea sinónimo de este verano. Para evitar sufrimientos futuros consecuentes del mercado de fichajes, he decidido que no voy a enamorarme de Iván Rákitic. No lo voy a hacer. Para ello eliminaré de mi cabeza su golazo cruzado en el Villamarín y también la puntilla a la manita. Suprimiré lo bien que le queda la camiseta roja. Y la blanca. Le queda bien hasta el monigote amarillo con tribales, Dios mío. Sé fuerte, elimina. Además debo olvidar su forma magistral de repartir juego, su disposición a aparecer en cualquier posición sobre el césped y sus cojones para defender al equipo. Fuera. Debo obviar lo encantador de su acento sevillano mezclado con su trapajosa lengua croata. Encantador, en serio. Lo único que creo no tener que borrar de mi memoria es el traje platino cegador de su boda. Se lo perdono, es mi Iván. Unido a sus continuas muestras de sevillismo y su habilidad para sacar partido tras partido a su equipo adelante. Creo que me dejo atrás muchas cosas por tachar en mi lista mental de amo a Iván. Sólo dejaré en el recuerdo el 7 a la espalda y la sensación de que nunca me olvidaré de él.

…llego tarde, y hace tiempo me enamoré de mi Iván Rákitic.

Los que merecen la alegría

Hemos aprendido a ver el mundo como un colectivo. No nos importa el individuo. No tenemos en cuenta que detrás de esa forma humana hay sentimientos, unas creencias, un pensamiento, un recorrido de vida… Todos y cada uno somos distintos. Somos pequeñas islas que se distinguen de la isla contigua. Además de perder el respeto individual de la persona, hemos perdido la noción del individuo absorbida por el colectivo. Apreciamos al resto de personas en grupos, en clanes, partidos, equipos o pandillas. Mucho más fácil para nuestro consciente. Así, nuestra cabeza piensa menos. Ya conocemos la ley del mínimo esfuerzo, y la vamos llevar a cabo. Ya ves si la llevamos a cabo.

¿Pero sabéis qué os digo? Así perdemos para nuestra propia existencia el conocer a individuos realmente maravillosos. A personas que aportan y no restan. A seres que pueden enseñarte miles de historias, ofrecerte conversaciones dignas de ser recordadas y que reconfortan el alma. Ese semejante -sí, es igual a ti- puede darte momentos de felicidad, te aportará su apoyo cuando lo necesites y acudirá en tus momentos de flaqueza. Bueno, o no. ¿Quién sabe? Quizá tengas mala suerte, el destino lo quiera o Dios ponga en tu camino a sujetos que no sean tan maravillosos, que simplemente se acerquen a tu persona por alguna pasajera conveniencia. Que porten algunos o muchos de esos defectos que suele incluir el ser humano tales como el egoísmo, el rencor o la mentira. Nadie sabe. Por eso, mi único consejo con esta reflexión que me acabo de sacar de la manga es curtirse como persona, ser de los primeros, de aquellos con los que se quiere conversar y dan alegría. De los que aportan y no restan. Así, lo básico estará en ti. Ya, sólo espero que lo bueno atraiga a lo bueno. Y lo malo se aparte pronto de mí.

¿Quedará alguna palabra que el ser humano no haya pervertido?

El tiempo y las palabras distancian los hechos de la realidad aunque no por ello evitan el dolor que los sentimientos pronuncian. Pueden hacértelo, quizás, llevadero. Te ayudan a filtrar pensamientos. Eres un poco menos vulnerable. Tienes un apoyo allí, no sé donde. Algo intangible que tanto significa. Todo ello si las palabras o el tiempo no son un obstáculo más en tu, ya, más que machacado camino. Quién sabe. Quién sabrá. Nadie.

Existen personas que hablan y hablan y hablan. No pueden parar. Para ellos es forma de vida como para mí es sentirme chiquita. Pues algo así. Les gusta hablar de todo y todos. Repasan hasta el último detalle. Y lo mejor, en algún momento de su vida recibieron una tarjeta vip que les hace acreedores de la ventaja del derecho divino a ser escuchados. O más bien oídos. Bueno, tú aceptas dicho pase vip. Allí estás hasta que ya no recuerdas cuando dejaste de hacerlo y comenzaste a dejarte volar sobre alguna banalidad que tu mente busca en forma de salvavidas rojo de playa. Sí, esos sólo vistos en las series americanas de silicona y carreras por la arena. Cuando despiertas de tu letargo de sobreviviente sientes una pesada culpa. Por tu mente pasa un “Joder, no he escuchado nada de lo que ha estado diciendo”; por tu boca un “Sí, sí, es verdad” para nada convincente y acompañado de un movimiento vertical de cabeza. Y hasta la próxima gran aventura de tu conocido/amigo en forma de palabras vacías. La otra parte del hemisferio terrestre se compone de quienes utilizan el desatascador del baño para brindar al mundo de los vivientes palabras con sentimiento. Les cuesta. Nos cuesta muchísimo. A diferencia de los very important person, lo más común que pensamos es un “No les importa una mierda lo que estoy pensando o lo que me está pasando”. Normalmente equivocado, pero totalmente asentado en nuestra consciencia. ¿Un fallo? Quizás. Algunos dicen que mejor parecer tonto que no abrir la boca y certificarlo. Nos quedaremos con la duda de si esas palabras merecían el rato de escucha. Ah, se suma que normalmente aparece un vip para cortar y zanjar el mínimo monólogo al país de Nunca Jamás. Catapún. Adiós. Ohhh también hay tiempo para el feedback. Pedir una ayuda. Normalmente desesperada. Al aceptar versión exterior y dejar entrar en ti otras perspectivas ajenas, no por ello acertadas, claro, dejas escapar tu realidad desde los adentros. ¿Qué cosa más complicada, verdad? Pues sí, lo hacemos. Y normal y casualmente este intercambio de pareceres nos cambia. Nos hace ver las cositas que nos arrebatan la salud mental de forma distinta. Mejor o peor, pero frecuentemente cambian.

Al fin y al cabo, PALABRAS. Y hoy tengo la triste sensación de que nos las estamos cargando. Les estamos arrebatando su valor. Amor, por ejemplo -Já, he elegido una complicada ¡eh!- ¿Quién podría definirme la palabra amor? No quiero a ningún académico de la RAE, deseo que me teoricen un poquito sobre qué significa actualmente el amor para la sociedad. ¿Y futuro? ¿Esperanza? ¿Nobleza? ¿Honestidad? ¿Hijolagranputa? Yo apuesto a que tergiversamos tanto que desposeemos a las palabras de su significado. Si el lenguaje es la forma humana de comunicarnos, hacernos entender y comprender al prójimo, ¿por qué tenemos una acepción personal y personalizada para cada vocablo? Me veo a lo 1984, inventando mi propio lenguaje. A los sin nombre que manejan hilos esto les encanta. Llevan años de manipulación a través de las palabras. Una manipulación más que consentida. La aceptamos y practicamos alegremente. Otro ejemplo que me gusta. Paz. Ya no aspiramos a ella ni de forma escrita. Qué guay todo ¿verdad? Ya no más o lo siguiente que escriba irá directo a la destrucción de la humanidad con tanto positivismo incrustado.

Sin palabras y sin tiempo para evadirnos de este mundo al que le encanta putearnos todo será mucho menos llevadero. Y hasta aquí mi reflexión del día.

Morir será una gran aventura

Da miedo. Todavía no, una vez más. Aún no estoy preparado. Tiempo, dame unos minutos más. Da demasiado miedo. El cuerpo se me encoje, el estómago me centrifuga y la mente pierde el control creando irrealidades que me harían pensar tener problemas mentales bastantes serios. Cálmate. Esto ya lo has hecho en otras ocasiones, pero no. Todo es nuevo siempre. Cada lunes es diferente. No permitas que te ciegue. Puedes hacerlo. Hazlo. El tiempo nunca fue gran amigo del hombre y no me concede esos segundos añorados. Te obliga a hacerlo. Te empuja ante la realidad.

Hoy leí una inmensa verdad a mi parecer: Las personas, como los trenes, sólo pasan una vez en la vida; en sus matices, podemos pensar que tenemos personas que nos han ofrecido varias oportunidades. Mi escaso proceder en la vida me chiva que si ese tren pasó, lo dejaste partir y el milagro se produjo con un segundo tren, el destino no será muy afortunado. Ni tampoco correcto. No pasa nada. Otra oportunidad llegará. Mi consejo: no malgastes tus días en la infelicidad que más tarde maldecirás. No subas a ese segundo tren. No tomes un destino al que no estas destinado. Busca, lucha y elige tu primer tren. Ese tren que te hará morir diciendo que el camino ha merecido la pena. Que morir será una gran aventura.

Ahora sólo me queda aplicarlo.

Mi elección

Decidí hace tiempo cuál sería mi camino. La forma en que me gustaría vivir la vida. El modelo. Los valores. O Qué no debía dejar de hacer nunca. Llamadlo como más gustéis. Fui consciente que no podía negarme a mí misma, aunque fuera más complicado que dejar de lado todo. Ser egoísta. Centrarme en mí, en mis pensamientos, en mis actos, en mi entorno, en quiénes y qué me rodea. Es decir, eliminar muchísimos más aspectos de los que, a priori, me incumbían.

No podía, ni sé hacerlo.

¿A qué me refiero con esto?

Aludo que prefiero una vida complicada. Un discurrir ocupado en entender. Leyendo. Comprendiendo. Sumando. Aprendiendo. Me apetece recordar que no somos objetos. Tú y yo, a disgusto de demasiados, somos sujetos sin ranura para tarjetas de memoria; quiero decir, no tenemos fin. No poseemos un tope. Somos susceptibles al infinito. No nos completaremos nunca. Vivir 10 vidas podría ser maravilloso si la madre naturaleza y tu ingenio te lo permitieran. Cuántos millones de aventuras te quedan por descubrir y no lo harás nunca. Al menos que tú recuerdes. Es enrevesado, lo sé. Pero, ¿tienes algo mejor por hacer? Piénsalo. Alguien, supongo, me cuestionaría en qué mejora mi existencia conociendo lo ocurrido hace años en una plaza china donde mataban a personas por pedir libertad. O por qué me gusta saber el nombre de la capital de Mongolia. Cómo se llama un escritor norteamericano de la década de los 70. A saber, millones. Mi respuesta será: “Nada, no me sirve de nada.” Sólo deseo algo más que convertirme en contadora de días aplastada por la cegadora y aplastante rutina.

Mi elección: La de sentir culpabilidad ante el dolor de otros a pesar de estar totalmente desvinculada de la causa y sus causantes. Elegí ser como soy e intentar diariamente crear con las palabras. Construir ideas en tu cabeza, además de ser honesta con mis construcciones. Ser responsable de lo que digo, lo que expongo, lo que escribo y dispongo. Sé que todo esto me traerá más tristeza que alegría. De las pocos aspectos seguros que tengo, pero es mi elección y no rehusaré de ella.

Aún me queda mucho por…conocer. Dar. Bailar. Equivocarme. Descubrir. Viajar. Besar. Arriesgarme. Fotografiar. Gritar. Caminar. Ir donde nadie creía que iría. Sentir. Llorar. Escribir. Gemir. Hacer. Lamer. Volar. Cantar. Amar. Ayudar. Vivir.

El país del mínimo esfuerzo

Hijos de la LOGSE, el sistema educativo español ya no es lo que era. Ahora cursaréis vuestra carrera universitaria, vuestro curso formativo o simplemente estaréis en paro sin siquiera el graduado escolar. En éste, nuestro país, todo puede ser posible.

Hoy ya no disfrutamos esa ley educativa con la que las comunidades autónomas regían a su libre albedrío, pero somos el resultado de ella. Los niños de los noventa hemos disfrutado de planes de estudios vagos, y como el ser humano se acaba convirtiendo en lo que ve, pues aquí tenemos el fruto. Unas generaciones que han aprendido la ley del mínimo esfuerzo. La ley del cinco me vale. La ley de cómo se aprueba el examen porque yo mañana me olvido de lo que haya estudiado. Las gracias a los gobiernos de turno que han elegido politizar la educación pública, rebajar el nivel, evitar la excelencia en los estudios y desearle a España una educación mediocre y de memorieta.

¿Abulia?

Jesús tiene veintidós años y es maestro. Tras dos años desempleado, con las típicas clases de inglés a las que los españoles siempre recurren en épocas vacías, abandona España para buscarse el sustento más allá de sus fronteras. En este caso, las islas británicas son su destino, y un puesto de ayudante de cocina será su labor. También está Antonia, diplomada en trabajo social y con un máster a sus espaldas. Sí, cualificada y capaz, todo eso que exigían.  Al igual que Jesús, se ha planteado salir del país para buscar algo que no encuentra en el suyo, un trabajo digno. Actualmente estudia unas oposiciones, aunque esas sean para  trabajar en Canarias, a más de mil kilómetros de su lugar de residencia.

El caso de Jesús o Antonia se repite, y no pocas veces. Y a diferencia de los motivos que espetaba la secretaria de inmigración, Marina del Corral, los jóvenes españoles no tiene un carácter aventurero mayor al resto. El impulso es buscar un trabajo, no la aventura. La simple explicación es que en España no pueden cubrir uno de sus derechos fundamentales, trabajar. Pregunten ustedes mismos a jóvenes menores de 25 años de su alrededor y cuestiónenles por su futuro. En el 90%,  las palabras más repetidas serán crisis, paro y extranjero. Además, si ya leen la prensa y examinan datos y porcentajes comenzarán a ver como la juventud hoy en día no lo tiene nada fácil para salir adelante. Y ya por último, cuando se crucen con la estadística de que más de la mitad de ellos están en paro, entenderán el impulso aventurero del que hablaba Marina del Corral.

A pesar de todo esto, nuestra sociedad seguirá albergando sujetos que afirman que la juventud española no desea trabajar, no quiere dejar el nido o no es capaz. Desde las instituciones europeas parece que al fin se han percatado del problema que supone ese alto porcentaje de inexpertos y novatos sin conseguir ocupación. Quieren que los países miembros ofrezcan trabajo y prácticas de forma obligada. Desconocemos la aceptación de dicha medida, pero esa impregnada abulia que le atribuyen a la nueva generación, está mucho más extendida entre los movimientos políticos salvadores de nuestro futuro.